sábado, agosto 22, 2009

QUE ESPERO DE MI

Qué espero de mí
Lo improbable

Dolores Aleixandre

Pasado ya el tiempo de esperar de mí misma mejoras constatables, ahora espero cosas modestas: mantener el humor, hablar poco de enfermedades, cumplir la norma de salud de los dos litros de agua y caminar una hora; cuidar que no se me estropicie la poca voz que me queda, amigarme más con el silencio por si acaso. Pero en cambio espero mucho más que Dios me sorprenda con lo improbable y lo inverosímil, según esa costumbre suya de desbordar nuestras previsiones: Sara parió cuando estaba hecha un carcamal, los israelitas atravesaron el mar brincando como carneros, una mujer doblada en dos por la artrosis se enderezó, Zaqueo transfirió a una cooperativa de parados su cuenta secreta de Suiza, Jairo y familia celebraron en un burger que su niña había despertado de la muerte, en la mesa del banquete reservado a vips se sentaron los que hacían cola en el ropero de Cáritas, a doce tipos sin una triste diplomatura se les encomendó la evangelización del mundo mundial.
Con semejantes precedentes, inauditos todos ellos, espero no estorbar demasiado la irrupción en mí de lo imposible y lo inalcanzable, aunque sea invisible. “Abre toda tu boca y yo la llenaré”, dice el salmo 81 y el final del Te Deum va aún más lejos: “Fiat misericordia tua Domine super nos quem ad modum speravimus in Te”. Que en traducción libre y personalizada me sirve para decirle a Dios: “Espero que te decidas a portarte conmigo según la desmesura de mi confianza en ti”.

viernes, julio 17, 2009

Decálogo para pensar el compromiso de la Iglesia ante la crisis


Decálogo para pensar el compromiso de la Iglesia ante la crisis

José Ignacio Calleja Fuente: Adital

1. En el comienzo está la memoria de la denuncia, "no podéis servir a Dios al dinero", y el recuerdo de que cuando se comparte, "pudieron comer todos hasta quedar satisfechos".

2. Y la memoria se hace interpelación personal con la voz y la presencia de los que no hallan un modo digno de vida para ellos y sus hijos, provocándonos el "no hay derecho", esto "ofende al mismo Dios".

3. Y desde la indignación ética nos vemos reclamados al conocimiento crítico de la realidad, para comprenderla en sus relaciones materiales y morales más determinantes, "porque si un ciego guía a otro ciego…".

4. Y el conocimiento crítico de la realidad nos recuerda que aún hay un mundo más allá del nuestro, donde las pobrezas y la exclusión degeneran, más si cabe, en pecado estructural de inhumanidad que, por acción u omisión, compartimos.

5. Y el sentido crítico nos hace advertir que ninguna relación material de injusticia viene sola, sino que se subsume en el fracaso de unos valores. Introducir esta diferencia, ilumina el análisis; olvidar su relación sustantiva e inseparable, nos avoca a un idealismo moral tan estéril como manipulable.

6. Y en el diálogo de la Palabra, el análisis social y la conciencia moral, surge un compromiso efectivo de la fe de los cristianos y de la Iglesia toda, primero, como exigencia pública de justicia. Es la denuncia de las estructuras y comportamientos sociales que no pueden ser, "porque no se puede dar en caridad lo que se debe en justicia".

7. Y porque la justicia imprescindible no llega, y la correlación de fuerzas que la debería impulsar es tan desigual, y ante la urgencia de tantos y tantos casos de necesidad inaplazable en la crisis, la caridad se vuelca en ayudas particulares, y en proyectos y programas, que alivien a los más necesitados y débiles. Siempre será necesaria la caridad social; lo peculiar de nuestros días es la extensión que adquiere la injusta suplencia de la justicia por la caridad. Por eso es imprescindible el análisis crítico de la realidad, y la denuncia de la injusticia social originaria en cada supuesto de la caridad personal y, sobre todo, eclesial. Pueden darse casos de llamada a la desobediencia civil de "los pobres" ante los injustos efectos de algunas leyes o situaciones.

8. Y porque la caridad tiene su valor religioso y moral propios, la comunidad cristiana se vuelca en sus Cáritas con programas, proyectos y ayudas precisas, que palian las urgencias de los más pobres, implican a sus destinatarios como sujetos y se proponen su inclusión en la vida laboral y social.

9. Y la Comunidad se vuelca en sus Cáritas, (¡también es exigente con ellas, como obra propia y de todos que son!), desde los Presupuestos de Roma, de las Diócesis y de las comunidades cristianas particulares, desde todas las organizaciones de la Iglesia y desde los cristianos particulares, encomendando la coordinación del conjunto de las iniciativas a Cáritas, como servicio de todos a los más pobres, dentro y fuera de la comunidad. Esto no significa que no pueda haber otras iniciativas en la Iglesia o que no puedan coordinarse con el movimiento civil laico en lucha por la una sociedad más justa. Los pobres llegan al centro de la Iglesia y la reconfiguran en todas las manifestaciones de su misión y organización; éste es el sueño y la intención.

10. Y la acción caritativa, que es moral y espiritual, personal y asociada, de cada uno y de la Iglesia toda, y que es ayuda, programa y proyecto, y que es denuncia, siempre, y acción, y que es donativo y promoción de personas y contextos, es, a la vez, educación y evangelización de las conciencias; en el compartir hoy y ya, "porque si se comparte, llega y sobra". Y en la sobriedad de otro modo de vida, porque para sobrevivir todos, hay que vivir de otro modo, y para que llegue a todos, eso de lo que nos privamos, hay que ponerlo en común: "en caso de extrema necesidad, todos los bienes creados son comunes" y "lo que no es estrictamente necesario para una vida digna, no nos pertenece; es de los pobres".

[Publicado en Eclesalia]

miércoles, mayo 20, 2009

Entrevista en profundidad a Mons. Sixto Parzinger

Aunque pareciera cansando, a poco hablar con él se nota su temperamento y ánimo inagotable, Monseñor Sixto Parzinger está finalizando un largo peregrinar en las tierras de la Araucanía. En marzo cumplió 31 años como Obispo, culminado un legado de trabajo capuchino desde 1928 cuando se fundó el Vicariato Apostólico de la Araucanía.


Fue ordenado sacerdote en Munich en 1960, Llegó a Chile en 1965 luego de viajar 6 semanas en barco hasta llegar al puerto de Talcahuano. Estuvo en Padre Las Casas y luego en Boroa, posteriormente volvió a Padre Las Casas como párroco.
 

Durante años, ha sido cercano colaborador y miembro del Consejo Superior de la Fundación Instituto Indígena que pertenece al Obispado de Villarrica y al de Temuco. En ese rol le ha correspondido vincularse profundamente con el trabajo que la Iglesia realiza a través de esta institución

Monseñor Parzinger se alegra al recordar su primeros tiempos en Tru Truf, Lleupeco, Mahuidanche, Cunco Chico, Metrenco, Boroa, entre otros, invitado y recibido con hospitalidad en muchas comunidades. Una de sus primeras confirmaciones fue al lado del río Toltén siempre con personas mapuche. En Lonquimay también de visita pastoral recuerda la impresión que le produjo el majestuoso bosque de araucarias de Quinquén, “donde incluso había una capillita con una virgen en la abertura de una araucaria vieja”.
 

¿Qué cambios ha visto Padre Sixto en las comunidades durante estos 30 años?

Hay más desarrollo, es indudable, mejores caminos, antes habían caminos muy malos sin ripio, ahora se ensancharon, esto tiene muchas cosas buenas, pero la lógica del proyecto ha debilitado lo colectivo en las comunidades, veo como se van perdiendo los mingaco; en los primeros años siempre teníamos mingaco, juntábamos sacos de harina, y con eso arreglábamos los caminos. El mingaco era bueno porque siempre junta a la gente, en Domínguez también conozco casos donde se juntaban para poner riego con mingaco, era muy común antiguamente.
 

Han cambiado por los proyectos, con lo que empezó el gobierno, se ha perdido la libre colaboración, ahora la lógica es distinta, era más libre, en eso cambian las cosas.

La iglesia se ha ido retirando en el rol de acción social y promotor de desarrollo porque el Estado, ha ido avanzando en su tarea, por ejemplo con las escuelas misionales, teníamos muchas y ahora hay muy pocas, porque el Estado está cumpliendo mejor su tarea. Eso también ha cambiado la relación con las comunidades, los misioneros tenían escuelas, postas y eso ayudaba a la gente mapuche a acercarse a ciertos beneficios e integrarse un poco más en la educación y la salud, evitando que hubiera mayor marginación.

La civilización de los blancos avanza de manera inexorable y así como es importante conservar la cultura también es importante que esta civilización no deje al margen a las personas, en ese sentido los misioneros cumplieron un rol importante.

Los misioneros trabajaron en general respetuosamente con la cultura mapuche, aprendiendo y difundiendo el idioma, como el padre Félix (de Augusta) que escribió su gramática y diccionario, y sin medir sacrificios, entendiendo que es una lengua maravillosa con tantas posibilidades que no debe perderse, parecido fue el rol del padre Sigisfredo (de Frauenhäusl) un poco más al sur.

Se dedicaron mucho, todos los misioneros sabían la lengua mapuche, hoy no hay tanta pasión, por eso los seminaristas, ya no lo aprenden, tal como con el latín que aprenden para el examen y después se olvidan.
 

¿Cómo ve a la Fundación Instituto Indígena?

Es una institución firme y poderosa que trabaja bien con los mapuche, aunque trabajaban poco en el vicariato, en Puerto Saavedra, Huapi, Pitrufquén, Villarrica, no trabajaba mucho acá, más en la diócesis de Temuco. Una institución que trabajaba firme, que se hizo escuchar especialmente en el tiempo de Monseñor Sergio Contreras en el año 1979, cuando ocurrió la división de las comunidades impulsada por el gobierno militar y Monseñor Sergio y yo nos opusimos, incluso hubo caricaturas en que lo dibujaban con una chueca en la mano por su apoyo a los mapuche.

Firmamos una carta pastoral reconociendo al pueblo mapuche (1979), Carta pastoral evangelización del Pueblo Mapuche) y nos opusimos a la división de las comunidades, como cuenta este escritor Bengoa (José) hicimos gestiones para que al menos el tiempo en que se prohibía la venta, se alargará de 5 a 20 años y eso salvó a muchos mapuche de vender sus tierras, enviamos cartas y el mismo Pinochet vino a firmar un acuerdo y eso me “achacan” de negativo porque firme con Pinochet, pero lo hicimos no por Pinochet, sino porque, creímos que esa era una salvación para muchos mapuche.
 

¿Cómo ha sido la relación con las organizaciones del Pueblo Mapuche y sus demandas?

El Pueblo Mapuche tiene derecho a ser reconocido, siempre es difícil discernir que es ser pueblo, y ser autónomo y ser chileno, casi no se puede decir hasta aquí, o hasta allá, es complejo pero debe hacerse para definir mejor la convivencia, me preocupa que la violencia crezca por estas indefiniciones.

En cuanto a la relación con las organizaciones, hemos tenido algunos conflictos con algunos grupos más radicales, en determinado momento, pero en general ha habido relaciones de cariño y respeto, siempre los problemas son con algunos pocos, que no son las comunidades, ellos se arrogan la representación de la comunidad. Dicen “soy la comunidad” y sabemos que eso no es así, porque la mayoría está por la paz.

Hasta con ellos, hemos tratado de llegar a acuerdo cuando hay sensatez y seriedad en los planteamientos. Hay varios casos en que la diócesis ha apoyado a organizaciones para que construyan sus sedes, entregando algunas propiedades para que puedan organizarse mejor.
 

El caso de la muerte de Matías Catrileo fue un suceso doloroso en el que le tocó participar, ¿Qué recuerdos y aprendizajes tiene de esa triste jornada? 

Bajo un arbusto pica pica, medio vestido, estaba su cuerpo; esperamos como tres horas hasta que logramos que lo pudieran entregar. Rescato que pudimos ayudar a resolverlo de manera más pacífica, ayudaron mucho el padre Fernando Díaz que era muy conocido en el sector y María Isabel Castrillo, abogada de la Fundación Instituto Indígena. Gracias a esas intervenciones pudimos resolver un momento muy crítico de mucha violencia.

Lo de Matías Catrileo fue muy trágico, siempre me pregunto por qué; qué significa; no sólo por qué los carabineros dispararon sino las razones de fondo. Me tocó acompañarlos a la morgue y exigí ver el cadáver y me duele mucho la controversia de si fue por la espalda o de frente, no es lo importante, pero muestra una intención. Es algo gravísimo, para los mapuche es una gran ofensa, una gran injusticia que puede causar más violencia porque enardece los ánimos y porque hay una injusticia muy grande en matar a personas impunemente, así sin más.

Da mucha pena porque es un pueblo que ha sido maltratado demasiado tiempo. Todo el terreno plano está en fundos y los mapuche viven en terreno algo pedregosos o cerros y tenemos esta historia ya por demasiado años, ya el Padre Sigisfredo en el parlamento de Coz Coz (1907) anunciaba esta situación y ha cambiado pero aún hay violencia desde los chilenos y la percepción de injusticia. Muchas veces se resuelven las cosas desde Santiago y sin conocer la realidad local. De esta historia de violencia debemos hacernos cargo para solucionarla, porque ya la hemos denunciado y publicado.
 

¿Para el futuro, cuál piensa Ud. que es la tarea que tienen los católicos con los hermanos mapuche?

Les pido a los Cristianos de la Araucanía que se pongan en la posición de verdaderos hermanos que aman, sienten y defienden a sus hermanos mapuche, que dicen son mis hermanos, de cualquier manera, aun cuando no los entienda mucho o tengan otras formas de vida o de reacción, hay que ponerse en la posición de un cristiano y desde ahí pensar en: qué puedo hacer, qué debo hacer.

Hay que ser más generoso en la mirada y en la acción, aún cuando cueste sacrificios, no vale la pena perseverar en errores que generan más violencia e incomprensión. Hay que vivir el Evangelio y ver cuanta injusticia han vivido los mapuche y en las condiciones que viven muchos de ellos.

¿Que tareas pendientes quedan hoy para los miembros de Iglesia de la Araucanía?

Que abran el corazón para los mapuche, que los acepten como verdaderos hermanos y pensar: qué podemos hacer con y por los mapuche en forma concreta. ..Y ayudar a los que no estén preparados para aprovechar la tierra o los recursos que tengan, poder crear oportunidades de asesoría y ayuda técnica para aprovechar bien los recursos. Se necesita un buen trabajo en esta línea y que puedan trabajar lo que tienen, aunque sea poco.
 

¿Y para los mapuches, cuáles son los desafíos?

Que no caigan en los vicios que han aprendido de los blancos, aprovechar diariamente lo que hay, nunca descansar, siempre seguir. Lo más pequeño que uno tiene debe aprovecharlo y multiplicar lo poco que se tiene.
 

En cuanto a la cultura mapuche y la fe católica le digo que: Mantener la cultura no significa negar la fe católica, no hay contradicción en esto y la Iglesia ha aprendido a ser más respetuosa y ha enseñado también que en el Evangelio todas las culturas encuentran un camino para expresarse y crecer firmes y unidos van a mantenerse, se ve que no desaparecerán y si queda gente en el campo no va a desaparecer la lengua. Hoy día hay que revisar muchas cosas para apoyarlos en su camino al desarrollo, la sociedad ha cambiado y ellos también, por lo que hay que adaptar muchas cosas y ellos deben definir liderazgos más unidos que todos respeten, para alcanzar mejores condiciones.

¿Y para la Fundación Instituto Indígena cual es el desafío?

La fundación debe seguir su trabajo y dar testimonio del compromiso de la iglesia.

¿Y para el nuevo obispo Monseñor Stegmeier?

El cambio de Obispo es una novedad en cierto aspecto, ya no es capuchino pero debemos aceptarlo con alegría porque así son las cosas en la iglesia y colaborarle. Es gente nueva pero en un tiempo nuevo, donde siempre las cosas andan muy rápido y deben ser muy movibles, flexibles y en todos lados, hoy hay tecnología y la realidad está cambiando rápidamente y hoy la gestión debe ser distinta, pero la fe es la misma que ilumina y es progreso.